las líneas de don rodrigo

Flamante

Único adjetivo que el periodista utiliza para referirse a un/una funcionario/a que asumió recientemente un cargo público. En el periodismo deportivo, se emplea para jugadores de fútbol que fueron contratados por un club hace poco tiempo.


“Pisando cabezas y haciendo lobbies”, respondió el flamante presidente de la Cámara de Diputados de la Provincia ante la pregunta sobre cómo llegó a ser electo por sus pares para ese cargo.


“No conozco nada del club. Le hice caso a mi representante quien me ordenó que viniese”, dijo el volante panameño, flamante incorporación de Platense.

Sutileza




El sitio se llama Nova Chaco y se desprende del sitio Nova Nacional, que tiene auspicios -entre otros- de la Ansés, la Legislatura Porteña, la Cámara de Diputados de Buenos Aires, y la Municipalidad de Lomas de Zamora.

El Inadi tiene para hacer puré con esto...
La nota original aquí

Buscando a Caddaphi

“No me calienta si matan o no a Khadafi, lo único que quiero es que se pongan de acuerdo en cómo mierda se escribe”.


Un gran amigo de la casa, Ignacio Grünbaum tiene toda la razón al señalar esto.

Es por eso que en homenaje a su observación, he indagado en diferentes portadas de periódicos de Argentina y del mundo para observar cuántas maneras distintas de escribir el nombre del dictador libio hay circulando.

Todas son tapas del día martes 23 de agosto de 2011.


Clarín

La Nación

Ámbito

Página/12

Buenos Aires Herald

Le Monde

New York Times

Beeld Sudáfrica

Corriere della Sera

El Mercurio
Sí. Al menos hay 10 maneras de nombrarlo. Una más y tenemos un equipo de fútbol. Igualmente, todavía no vi en ningún diario la qu sería la favorita mía: Caddaphi.

Frases célebres de búnker


Así como en la farándula se ensaya una cara para cuando se pierde, los asesores extranjeros de los candidatos cobran un plus por enseñar esas frases indispensables a la hora de ganar tiempo para anunciar una derrota, anunciar una victoria o no anunciar nada. Esta especie de cátedra debe llamarse “Frases célebres de búnker” y son más que necesarias para los verdaderos “animales políticos” (valga el pleonasmo).

Pasaron las elecciones primarias y se vienen las generales. Aquí, un adelanto de la materia antes mencionada (para cursarla, quédese viendo TN desde las 18 hasta la madrugada, un domingo de elección).

Si usted ganó y obtuvo una reelección o es el candidato del oficialismo debe tener en cuenta que al electorado la palabra “cambio” lo seduce más que a un kiosquero sin monedas, por eso trate de meter este vocablo en su discurso, por más que usted quiera decir que todo va a seguir igual (es decir, cero cambio). Para ello, será suficiente con decir: “La gente reeligió el programa y el modelo. El cambio que empezamos hace (X) años, fue ratificado por la voluntad popular”, es decir, todo sigue igual, pero estamos en el “cambio”.

Si en cambio ganó y es de la oposición, remarque siempre la idea de cambio y muéstrese dialoguista (generalmente, cuando un oficialismo pierde, está medio calenchu). Además, destaque algo que queda bien y es el que ese cambio que la gente votó, lo hizo “por azar” y que nada está asegurado. “La gente necesitaba modificar el rumbo. Por eso, apostó al cambio y nos eligió”. “Apostar”, palabra fundamental en política.

Si usted creía que iba a obtener muchos votos, pese a ser una fuerza menor, pero el electorado le dio la espalda, no se preocupe… échele la culpa a los otros: “Esperábamos un mejor desempeño, pero es evidente que los medios y las encuestadoras se encargaron de polarizar la elección y eso nos llevó a conseguir el 0,8% de los votos”.

No vamos a apresurarnos ni a denunciar fraude, pero tenemos denuncias de falta de boletas y operaciones corruptas en todo el país contra nuestra fórmula”, es algo a lo que puede apelar si pierde. Esto lo ubicará como alguien a quien le despojaron el triunfo o como un patético cadáver político. Generalmente, la tendencia es 90% a 10% por la segunda opción.

Debemos ser conscientes de que recién empezamos con este espacio y este 2% nos posiciona muy bien para el futuro como una nueva fuerza política”, excelente manera de hacer positiva una derrota catastrófica.

Si usted está en su búnker, pero sabe que perdió, diga: “Considero que no debemos apresurarnos. Los votos se están contando. Esperemos que haya una tendencia. Nosotros tenemos otras cifras que las que se están manejando”. No se preocupe, cuando tenga que salir a reconocer la derrota, esa frase quedará olvidada en los medios luego de tanta vorágine y recorridas por otros búnkeres.

No se preocupe luego de decir todo esto. Tenga en cuenta que siempre aparecerá alguien que dirá que ganó en una mesa de Necochea y quedará como el más patético de todos, quedando usted habilitado a presentarse en cuatro años (o dos, si busca un placebo legislativo).

Midnight in Santa Fe


Después de ese fiasco fílmico llamado “El Rito”, con Lina –mi compañera- decidimos darle una nueva oportunidad al séptimo arte in situ. Nos sacamos las pantuflas, cerramos Cuevana en internet y nos fuimos al cine.


Luego del intento fallido de un martes de vacaciones de invierno –hicimos 20 minutos de cola detrás de una muchedumbre que quería ver a robots matarse unos a otros en 3D para que al llegar nos dijeran que quedaba solo una entrada- conseguimos por fin nuestros tickets para ver la prometedora “Midnight in Paris”, del gran Woody Allen.

La película es sumamente recomendable. Pero eso sí, si a usted le gusta Woody Allen. Si sabe cuáles son sus preocupaciones, por donde transita su obra y cuál es la dinámica de los guiones en sus diferentes obras –algo poco frecuente dentro de la mediocridad cinematográfica actual- podrá disfrutarla. Y he aquí la razón de este pequeño eructo sociológico: la gente que no sabía nada de eso y que compartió con nosotros la función.

Un gran amigo de este espacio, el Licenciado Ramiro, ya algo había advertido:

Súper-archi-ultra-recontra recomendable la maravillosa última película de W. Allen, "Midnight in Paris". Her-mo-sa. Eso sí: traten de no ir al cine un día que estén agotadas las entradas para H. Potter y la gente se meta a cualquier sala porque te terminás peleando con un montón de estúpidos a los que el cine les importa un balde de pochoclos.

Y el miedo a que pasara eso ya empezamos a sentirlo en la fila antes de entrar a la sala. Por suerte, la satisfacción fue imaginar la cara de ese grupo de chicos y chicas que venía a ver esta película porque actuaba el-rubio-de-los-rompebodas (entiéndase, Owen Wilson).

Paréntesis: Precisamente, el primer paso de comedia de la noche lo dio Lina, a quien se le cayó un café –que por suerte era al estilo yanqui, esos vasos de plástico con tapitas- y que patinó por media sala. Paso de comedia que no supimos bien si podría incluirse en un film de Woody Allen o en “Los rompebodas”. Lina empezó a perseguirlo al grito de “¡ese es mi café!” y al agarrarlo, le dijo a una persona cercana “bueno, ahora es batido”. Lo peor fue que mientras nos reíamos de la situación, la gente de la fila de al lado nos miraba como diciendo “por favor, no pueden reírse de esa boludez”. Vale aclarar que estas personas hacían cola para ver una película llamada “Loco y estúpido amor”, o alguna pavada similar. (Cuac!)

Retomo: Y decía satisfacción al imaginar los rostros, porque para disfrutar de la película hay que saber quién fue Hemingway, S. Fitzgerald, Salvador Dalí, Pablo Picasso o Luis Buñuel, entre otras referencias a la cultura de la ciudad luz durante los años ’20. Y “Los rompebodas” lejos está de darnos esa competencia.

“¡Qué bodrio!”, exclamó la pareja que estaba al lado nuestro cuando aparecieron los créditos finales, mientras ella buscaba –probablemente- un aro dentro de ese conteiner de pochoclos que les vendieron antes de entrar. Al lado, yo estaba completamente conmovido por la belleza de historia que acabábamos de ver y no podía entender por qué había gente que reaccionaba así. Hasta que recordé la advertencia del Lic. R y lo comprendí.

Sobre todo lo de los pochoclos, cuando Lina somatizó lo que significa estar en este tipo de salas, al querer salir rápido del complejo, por la falta de aire, la fuerte calefacción y el “insoportable olor a pochoclo”. Y es así. En casa, el pochoclo tiene aroma. En Cinemark, olor…

“Ponen alta la calefacción y te matan con el olor a pochoclo, para que la gente consuma más Coca-Cola en la sala”, señaló con mucha razón mi compañera. Ahí recordé a un amigo, que me contó que un primo suyo dueño de una bailanta, echaba sal gruesa al piso, para que al bailar la gente, ese polvillo se levante y provocara más sed en los sordos danzantes. Como se ve, en ambos extremos del capitalismo, las estrategias de venta no son disímiles.

Nos fuimos raudamente, buscando un remis para volver a las pantuflas, fernet casero y Cuevana. Y con la idea de que si tenemos que escuchar algún comentario imbécil durante una película, sea yo quien lo diga en la comodidad de mi casa.

Queda fuera de esta crónica nuestra visita al Bingo de dicho complejo, donde al entrar me sentía George Clooney en “La gran estafa” y al salir me quedó algo de eso, sobre todo lo de “la gran estafa”.

Dialéctica

Afirmación













Negación de la afirmación

Negación de la negación

Ahora entiendo todo… creo


“Según indicaron, fumar trae consecuencias graves a la memoria, la capacidad de resolver problemas y el coeficiente intelectual

Fuente: Infobae. Nota completa aquí.


Aclaración: El autor de este blog es fumador (algo que puede intuirse fácilmente, a la luz de los últimos descubrimientos).